Trinidad

Por: P. Joaquín Herrera, msc

Leemos en el Antiguo Testamento esta frase: «soy Dios, no hombre» (Oseas 9,11), Dios, el Otro, el todopoderoso, el eterno, el santo, el creador, el amor… es para nosotros un misterio. En Jesucristo se hace hombre para revelarnos parte del mismo. Él nos dice que es Uno. Idea en la que continuamente insiste la Sagrada Escritura: «Escucha, Israel; cuida de practicar lo que te hará feliz y por lo que te multiplicarás, como te ha dicho Yahveh, el Dios de tus padres, en la tierra que mana leche y miel. Escucha, Israel: Yahveh nuestro Dios es el único Yahveh. Amarás a Yahveh tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza». (Deuteronomio 6,35). Y, si es uno, ¿cómo celebramos la fiesta de la Trinidad: un solo Dios, pero tres personas distintas?

Pensemos un poco, sólo un poco porque es un misterio. Un misterio no se puede entender, pero sí creer cuando la revelación del mismo viene del que es la Verdad. Dicen que Agustín paseaba un día por la playa y vio a un muchachito que había hecho un pequeño agujero en la arena y corría continuamente con un vaso del mar al agujero una y otra vez. Agustín le preguntó qué hacía y el muchacho le contestó que quería meter el Mediterráneo en ese agujero. La carcajada de Agustín fue enorme. El muchacho le miró y le dijo: Me voy a reír de ti porque quieres meter el misterio de Dios en tu cabeza”. Un misterio es un misterio. No se puede entender, sólo creer; pero se puede pensar en él para fortalecer la fe. Pensemos.

La definición de Dios que leemos en el nuevo testamento, en la carta primera de Juan, es: «Dios es amor» (1Jn 4,8). Amar, según Santo Tomás de Aquino, es un acto de la voluntad para hacer el bien al otro. No es sólo un sentimiento y una atracción, es un acto de la voluntad, pero lo importante es a otro. Si no es hacia otro es egoísmo, lo opuesto al amor. San Juan Pablo II define el amor de un modo más sencillo: Amar es poner el tú por encima del yo.

Sin otro no hay amor. Por eso Dios no es una sola persona. Pero si solo existiera otro más, el Hijo, sería un amor aburrido, estar siempre diciéndose te quiero, te amo… Por eso son dos mirando hacia fuera, hacia otro tú, el Espíritu Santo: La Trinidad, Familia en plenitud de comunicación, donación e identificación en el amor. Por eso es creador dador de vida, de amor que eso significa la palabra Yahvé, y al ser humano, creado a su imagen y semejanza, lo hace familia, amor, creador de humanidad. Tú has sido creado a imagen y semejanza de Dios: ¿Eres amor, vives en el amor en tu familia? ¿Enseñas a tus hijos a poner el ‘tú’ por encima del ‘yo’?

Es ahí donde se descubre la alegría verdadera ya que «mayor felicidad hay en dar que en recibir» (Hch 20,35) y amar es darse sin medida. Y eso es posible, es sólo cuestión de amor.

(Lee si quieres: Dt.6; Mt 28,18; Jn 1 ss; I Jn 4)

 

Foto: La Trinidad. El Greco. Museo Nacional del Prado.

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