Teología de la cruz
P. Isaac Riera, msc
La Cruz es el signo de Cristo y de los cristianos, ya que es su distintivo en el mundo de los seres humanos. Hacemos la señal de la Cruz sobre nuestra frente y nuestro pecho al comienzo y al final de nuestras oraciones; …
… el sacerdote bendice con su mano haciendo el signo de la Cruz en la administración de los sacramentos y hace lo propio en todas las celebraciones litúrgicas; la imagen de la Cruz se eleva en todos los templos cristianos; y, en fin, la Cruz se coloca sobre las tumbas en nuestros cementerios como signo de esperanza eterna. Lo importante, sin embargo, es el significado teológico de la Cruz. Se puede hablar de la paradoja divina: el mal del sufrimiento y de la negación de nosotros mismos se convierten, a través de la Cruz de Cristo, en el supremo bien de nuestro espíritu.
La Cruz de Cristo
- A través de la Cruz, Cristo redime a los hombres de sus pecados y les alcanza la salvación eterna. Es la afirmación fundamental de esta teología. Los distintos significados de la Cruz de Cristo en cuanto nuestra redención y salvación, los encontramos en diversos pasajes del Nuevo Testamento.
- La Cruz es nuestra reparación ante Dios de los castigos merecidos por nuestros pecados.
- La Cruz es nuestra paz y reconciliación con Dios, que nos devuelve su amor misericordioso.
- La Cruz es nuestra victoria sobre el mal del pecado que nos había esclavizado, devolviéndonos la verdadera libertad, que es la interior.
- La Cruz es la llave del Cielo, que nos estaba cerrado porque sólo deseábamos las alegrías mundanas.
- La Cruz, sobre todo, nos hace participar del Misterio Pascual, que nos devuelve la vida divina eterna recibida en nuestro Bautismo.
- Con su Cruz, Cristo se identifica con el sufrimiento de los inocentes.
- En el Juicio Final, Cristo estará representado por los que sufren injustamente y los necesitados: “Tuve hambre y me disteis de comer…
Lo que hicisteis a estos hermanos míos más pequeños, a Mí me lo hicisteis”. Y esta identificación con los inocentes se extiende a grandes masas de seres humanos, que a lo largo de la historia han sufrido las masacres de las guerras, de las pestes, de las catástrofes naturales.
- Por su Cruz, Cristo participa de nuestros sufrimientos.
- Menos en el pecado, Cristo participa de todos los sufrimientos de la condición humana, manifestando así su infinito amor por nosotros, pues el verdadero amor es entrega, donación e inmolación por los que se ama. Por eso, Cristo “se anonadó tomando la forma de siervo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de Cruz” (Filp,2,8).
El mal del sufrimiento y de la negación de nosotros mismos se convierten, a través de la Cruz de Cristo, en el supremo bien de nuestro espíritu.
La Cruz en la vida del cristiano
- Por la Cruz, el cristiano crucifica sus pasiones para no caer en el pecado.
- Por la Cruz, el cristiano se niega a sí mismo no buscando ni sus intereses ni sus placeres.
- Por la Cruz, el cristiano somete su libertad en la obediencia a la voluntad de Dios.
- Por la Cruz, el cristiano hace penitencia por sus pecados, pidiendo el perdón de Dios.
- En el misterio de la Cruz, el cristiano alcanza la auténtica felicidad que nos prometen las Bienaventuranzas. Será feliz, porque “los que lloran serán consolados “, como también “los que padecen persecución por la justicia”. Y, sobre todo, la muerte del martirio le asemeja a Jesucristo.
- Y por la Cruz, el cristiano, a imitación de Cristo, es inmolación de entrega por amor a Dios y a los hombres, y acepta los sufrimientos en reparación por los pecados del mundo.
‘¡Ave Crux, spes única!’ (¡Salve Cruz, nuestra única esperanza!). Es el clamor último del sufrimiento humano.












