Profanar lo sagrado y sacralizar lo profano

P. Isaac Riera, msc

Un signo de nuestro tiempo

Profanar lo sagrado de la tradición cristiana.

  1. Día de los difuntos. ‘Halloween’: disfraces estrambóticos en los niños y personas mayores, una moda que procede de Estados Unidos con una finalidad exclusivamente comercial, haciendo un espectáculo jocoso de la vida después de la muerte.
  2. Festividad de la Navidad. Se suprimen las figuraciones del Portal de Belén, los ángeles y los pastores. En su lugar, aparece ‘Papá Noel’ con juguetes y regalos para hacer felices a los más pequeños. Una manifestación más de intereses comerciales.
  3. Festividad de los Reyes Magos. Tomando como referencia la adoración de los Magos de Oriente al Niño Jesús en Belén ofreciéndole regalos simbólicos, el día 6 de enero es el día de los grandes regalos materiales en las familias y, por supuesto, sin ningún significado cristiano o religioso.
  4. Día de los inocentes. El pasaje evangélico en el que el rey Herodes ordena matar a todos los niños de Belén por miedo a perder su trono, 28 de diciembre, es el día de las inocentadas, esto es, decir mentiras con ánimo de diversión y tomaduras de pelo. Lo sagrado es pretexto para la broma jocosa.
  5. Año Nuevo. En todas las culturas, el inicio de un nuevo año es ocasión para pedir a Dios salud y prosperidad en todo el mundo, aun cuando no se tenga claro qué clase de bienes de desea. En nuestra sociedad moderna se celebra ese día con ritos estúpidos, tales como comerse doce uvas, comer un plato de lentejas o brindar con champán. Ninguna oración para comenzar el año.
  6. Disfraces y procesiones del Carnaval. Lo más escandaloso como profanación a la tradición cristiana, sin embargo, son los espectáculos callejeros para dar rienda suelta a toda clase de excesos inmorales, justamente en los días que dan inicio a la penitencia cuaresmal. Tristísima contradicción de una sociedad que se dice cristiana.
  7. Vacaciones de Semana Santa. Los días en que los cristianos conmemoramos la Pasión y Resurrección de Cristo como misterio central de nuestra fe, se han convertido en una semana especial de desplazamientos en miles de personas, buscando el sol, la buena comida y el descanso corporal. Ya no es Semana Santa, sino semana totalmente pagana.

Los ídolos no son sólo las figuras de piedra que adoraban os antiguos como divinidades, sino cualquier cosa a la que se rinde pleitesía.

Sacralizar lo profano.

Dice K. Chesterton: “Quien no cree en Dios, pasa a creer en cualquier cosa”. Se confirma este aserto en toda la historia de la humanidad, pues el alma humana, por necesidad psicológica, busca en la idolatría el sustitutivo de Dios.

Los ídolos no son sólo las figuras de piedra que adoraban los antiguos como divinidades, sino cualquier cosa a la que se rinde pleitesía: un fenómeno social, una idea política, un sentimiento colectivo… Y es esto justamente lo que está sucediendo en nuestra sociedad.

  1. El nacionalismo extremo. Cuando el amor natural a la propia patria se convierte en una reivindicación apasionada frente a posibles imaginarios enemigos, se la diviniza y se levanta un monumento como ‘altar de la patria’, la sagrada bandera de los pueblos. Hoy vemos esto en la mayoría de las naciones.
  2. El culto a las ideologías sociales. Con la difusión de la ideología marxista y la imposición del sistema comunista a lo largo del siglo veinte en numerosos países, centenares de millones de personas han vivido del gran mito de la clase trabajadora esclavizada por el capitalismo. Una gran mentira, por supuesto, pero que ha significado la muerte cruenta de miles y miles de personas.
  3. El fútbol, nueva religión de las masas. En nuestros días, el fútbol ya no es una mera afición deportiva, sino que se ha convertido en un sentimiento apasionado del que viven centenares de millones de personas en todo el mundo. Las pantallas de televisión y los diarios están siempre ocupados por este tema, se venden camisetas de futbolistas como si fuesen ídolos, es tema de conversación diaria en infinidad de personas e, incluso, se suscitan enfrentamientos y odios como si fuese lo más importante de la vida.
  4. Alimentar la curiosidad malsana hacia personas muy poco edificantes. Nuestra sociedad, por desgracia, no tiene buenos ejemplos para imitar, sino todo lo contrario: el tema más recurrente de la televisión y las redes sociales es estar al día de intimidades sexuales, de rencillas intrascendentes de los famosos, de hechos y dichos de absoluta frivolidad en personajes públicos, como son muchos políticos.
  5. Bailes, música y gritos de histeria colectiva. En nuestros días, un espectáculo de cada semana es ver a miles y miles de chicos y chicas que se entregan a delirios corporales con saltos, extorsiones y gritos enloquecidos intentando llenar el vacío de su existencia. Es inevitable no pensar en ciertas tribus africanas, cuyos bailes nos remiten a la humanidad primitiva.

En definitiva: el ser humano no puede vivir sin una referencia a lo trascendente: o Dios, o los ídolos.

 

 

Foto: www.freepik.com

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