‘Ora et labora’ (Senegal)
Seminario MSC de Dakar en Senegal
La formación de los seminaristas MSC de Dakar, en Senegal, se considera tan integral que, a los estudios propios como religiosos, también se suma el aprendizaje sobre cultivo y cría de animales, parte esencial de las actividades enfocadas al autoabastecimiento del seminario.
Por: P. François NDALI, msc

La casa de formación para seminaristas que los Misioneros del Sagrado Corazón tenemos en la ciudad senegalesa de Dakar, acoge a diez jóvenes procedentes de tres países africanos diferentes. Entre ellos, hay cinco cameruneses, tres burkineses y dos senegaleses. También hay dos formadores, uno camerunés y otro congoleño, de Kinshasa.
Estudios y cultivo. Todos los seminaristas estudian filosofía en el Centro San Agustín de Dakar. Sus estudios duran tres años. Sin embargo, además de la formación intelectual y filosófica que reciben en la escuela, el programa de formación de la comunidad también incluye formación humana en el marco de actividades de autofinanciación, en particular una pequeña granja con cuatro cerdos, cuatro parejas de conejos, seis patos y una veintena de gallinas ponedoras. También tienen un huerto con una gran variedad de hortalizas, como tomates, espinacas, berenjenas, batatas, amaranto, mandioca, pimientos, etc.
Los animales que tienen en la granja, se compraron gracias a la ayuda financiera de la provincia MSC de Bélgica. Estos animales se reproducen y se destinan al consumo local. Esta iniciativa nos ayuda a equilibrar el presupuesto financiero de la comunidad para reducir los gastos en el mercado. La mayor parte de los alimentos que consumen los seminaristas proviene de su propio trabajo manual. La tierra es muy generosa, nos corresponde a nosotros pedirle prestado dándole la forma productiva que queremos, por ejemplo, cultivándola, prestándole nuestras semillas, y a cambio, ella nos reembolsa a menudo cien veces más, con los frutos de la cosecha.

Preparados para el futuro. Esta manera de formar a los seminaristas en el amor por el trabajo manual, el amor por la tierra y por la naturaleza, los prepara para tomar conciencia de la vida consagrada y pastoral que les espera en el futuro. Tras la formación, se encontrarán, sin duda, en parroquias y comunidades rurales, comunidades con vocación agrícola, precisamente en los pueblos. A tal efecto, la formación en el trabajo manual adquirida en el seminario será para ellos una gran ventaja para su supervivencia, pero, sobre todo, para la materialización del Evangelio, Palabra de Dios: «Con fatiga sacarás de él el alimento todos los días de tu vida» (Gn 3,17). Estas actividades, la pequeña granja y el huerto, no desequilibran el rendimiento de los seminaristas en la escuela. Al contrario, contribuyen a su bienestar integral, a su salud física, intelectual, espiritual y psicológica. Los que nunca han trabajado manualmente en casa con su familia, aprenden a hacerlo en el seminario. Se perfeccionan y se convierten en hombres maduros y equilibrados. Comprendamos, pues, cuánto les aporta el trabajo manual en cuanto a sentido de la responsabilidad y realización personal. Cuando se van de vacaciones, los padres observan una clara mejoría en su comportamiento. Nos agradecen la calidad de la formación impartida, que transforma totalmente a sus hijos. Esta formación de los seminaristas en el trabajo manual también moviliza su imaginación y creatividad para mejorar su confianza y autoestima. Por eso, cuando comen lo que ellos mismos han producido, se sienten satisfechos y orgullosos. «Con el sudor de tu rostro comerás el pan» (Gn 3,19).
Formación integral. San Pablo dice: «nos hemos enterado que hay entre vosotros algunos que viven desordenadamente, sin trabajar nada, pero metiéndose en todo. A ésos les mandamos y les exhortamos en el Señor Jesucristo a que trabajen con sosiego para comer su propio pan» (2 Tes 3, 1112). Para el Apóstol de los gentiles, el que no trabaja, tampoco come. Tal es la ética cristiana del trabajo. Por eso, los seminaristas MSC deben ser conocidos por su afán de trabajo y no por su pereza y ociosidad.
Esta iniciativa nos ayuda a equilibrar el presupuesto financiero de la comunidad para reducir los gastos en el mercado. La mayor parte de los alimentos que consumen los seminaristas proviene de su propio trabajo manual.
Un filósofo libanoestadounidense, Khalil Gibran, decía: “Vivir en armonía con el trabajo es, en verdad, amar la vida. Y amar la vida a través del trabajo, es iniciarse en el secreto más íntimo de la vida”. Esta reflexión es la profundización concreta del Evangelio, portador de vida. Hoy, el Señor no nos alimentará con maná como lo hizo con los hebreos en el desierto (Éxodo 16,1431). Por eso, debemos trabajar para procurarnos lo que necesitamos para comer y dar de comer a los hambrientos que nos rodean. Jesús dijo a los apóstoles: «Dadles vosotros de comer» (Lc 9,13). En este sentido, el trabajo nos ayuda a hacer visible nuestra fidelidad a la voluntad de Dios.

Lo divino y lo terrenal. Por eso, nuestros seminaristas no deben aprender filosofía y teología sólo en los libros, sino también en la vida práctica y cotidiana del hombre. La escuela es teórica, mientras que la vida cotidiana es el lugar por excelencia de la práctica. Los cristianos de la Iglesia de hoy no son los de ayer. La indiferencia y la tibieza de la fe, los nuevos movimientos de libertad de culto y la facilidad tecnológica reducen considerablemente el compromiso de los fieles en el sostenimiento material de la Iglesia. La generosidad de los cristianos y de las personas de buena voluntad ha disminuido notablemente. Por eso, la formación debe preparar a los futuros pastores (africanos) para que tomen conciencia de este desafío, a fin de evitar la dependencia, la simonía, la mendicidad y la deshonestidad. Nuestro fundador, el P. Julio Chevalier, decía: “Los novicios (es decir, los jóvenes en formación) aprenderán mucho más al pie de la cruz que en los libros”. Con estas palabras, nuestro fundador consideraba el trabajo como el lugar por excelencia de la formación. Así, para nosotros, los misioneros del Sagrado Corazón, el trabajo es el amor del Corazón de Jesús hecho visible.
















