Nuestro paso por la vida (En memoria de Julio)

Por: Jaime Ybarra

Salía Eusebio afligido del funeral. Su amigo se había ido para siempre.

En esos corrillos que se forman a la salida de la iglesia, se escuchaban frases repetitivas, que no por mucho haberlas oído, dejan de sonar siempre a sentidas de verdad.

– ¡Por fin descansará en paz!

– Ya ha dejado de sufrir

Como éstas, tantas otras con el mismo deseo: que el fallecido haya pasado a una mejor vida, alejándose del sufrimiento de ésta.

Pero Eusebio era distinto. Se gustaba diciendo sentencias ampulosas no siempre fáciles de entender. Y, esta vez que el dolor de una perdida le abrumaba, no iba a dejar de dar su dictamen, aunque fuera hablando de sí mismo.

– ¡Otro año más que acumulo en el retraso de la muerte! La sorpresa entre los que le escuchaban es comprensible. O Eusebio tenía una enfermedad de las que presagian un pronto final, o, siguiendo su costumbre, nos colocaba uno de sus habituales complicados discursos.

– ¿Es que acaso no nos felicitamos por cada año que cumplimos? ¿Olvidamos que la única realidad que nos acompaña al nacer, es que cualquier día moriremos? Nos felicitamos por el tiempo que llevamos vivido, sin darnos cuenta de que ése es el mismo tiempo del retraso acumulado que lleva la muerte sin visitarnos.

Se fue contento con la plática que había dejado a todos desconcertados.

Pasado un tiempo, aproximándose la Navidad, Eusebio fue a comprar una participación de la lotería navideña que vendía la iglesia que él frecuentaba. Era una costumbre que llevaba haciendo desde años atrás. Además, lo hacía con gusto, pues sabía que ayudaba a las caridades eclesiásticas con esa compra.

Le extrañó no encontrar a su amigo Julio vendiendo papeletas y preguntó por él. Alguien le contestó.

– A Julio ya le ha tocado el premio mayor. Ahora está en el cielo disfrutándolo.

Eusebio, entristecido, sin saber qué decir en esta ocasión, entendió que la muerte no se hace esperar, ni llega con retraso. Es sólo un tránsito de este mundo al disfrute de la vida plena y eterna.

 

Foto: www.freepik.com

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