La radicalidad del Evangelio (Nicaragua)

Al P. Gaspar García Laviana, msc, el obispo Mons. Casaldáliga lo definió como un «mártir que da la vida». Él también fue amenazado de muerte por su defensa de los más desfavorecidos. Gaspar optó por esa defensa de los pobres siendo fiel al Evangelio hasta el extremo, confrontando el ‘poder opresor’ desde la guerrilla. Lo hizo en su condición y compromiso como sacerdote, nunca renunció a ser MSC.

Por: PP. Manuel Barahona, Benjamín Fernández, José Ramón R. Gárate, Andrés Álvarez, msc.

Madre y Maestra. Nicaragua. Padre Gaspar García Labiana. Hermandad Misionera de Nuestra Señora del Sagrado Corazón. MSC

Los Misioneros del Sagrado Corazón tenemos ya 170 años de historia. Desde los inicios hemos estado en muchos países, hoy en 57. Y casi siempre, en la zonas más pobres y difíciles.

Dieron la vida. Han sido muchos los misioneros que han sido en el mundo presencia ‘del Amor de Dios’. Algunos murieron ya muy mayores en la tierra donde se habían entregado y consumido. Otros murieron jóvenes fruto de su entrega generosa. Entre ellos nuestros siete Beatos Mártires MSC de Canet de Mar y los tres Beatos Mártires MSC de El Quiché. Y otros que, aunque no estén beatificados o canonizados por la Iglesia oficial, derramaron hasta la última gota de su sangre por los más necesitados y oprimidos, siguiendo las enseñanzas del Evangelio y los pasos de Jesús de Nazaret. Entre ellos, ciertamente, está Gaspar García Laviana, msc, reconocido por su compromiso con la justicia social, su oposición a un régimen tiránico y su lucha por los derechos de los más pobres.

Su persona. Gaspar nace en Les Roces (El Entrego, Asturias), pero muy pronto se trasladó con su familia a Tuilla. A los 12 años, marchó para Valladolid a cursar sus estudios de educación primaria y bachillerato en la Pequeña Obra (seminario) de los MSC. Una vez acabados esos estudios, decidió dar un paso más y se fue a Canet de Mar a hacer el noviciado, donde se convenció de seguir los pasos de Jesús y prepararse para ser religioso y sacerdote. Acabado el Noviciado y hecha la profesión religiosa, le tocó el traslado a Logroño, donde cursó los siete años de Filosofía y Teología.

Madre y Maestra. Nicaragua. Padre Gaspar García Labiana. Hermandad Misionera de Nuestra Señora del Sagrado Corazón. MSC

Madre y Maestra. Nicaragua. Padre Gaspar García Labiana. Hermandad Misionera de Nuestra Señora del Sagrado Corazón. MSC

El 26 de junio de 1966, se ordena de sacerdote en Logroño y, días después, celebraría su primera misa. Lo haría con su familia y sus vecinos de Tuilla.

Su primer destino es a la parroquia de San Federico, en Valdezarza, un barrio obrero y de inmigrantes en Madrid. Y allí empezó a trabajar en una carpintería cercana, ya que se sentía ‘cura obrero’. De hecho, contactó con los grupos cristianos obreros como la HOAC y la JOC.

En el año 1970, tuvimos un Capítulo Provincial al que asistió elegido por sus compañeros. Ciertamente no era muy amigo de esas largas disquisiciones y diálogos, pero él, con su juventud y alegría, era un elemento muy importante para amenizarnos a todos aquellos 20 días de reunión.

El salto a América. Se habló de establecer una nueva misión en Nicaragua, en la Diócesis de Granada. Se pidieron voluntarios y allí se levantaron dos jóvenes sacerdotes que aún no tenían 30 años, Gaspar y su amigo el P. Pedro Regalado, msc, con el que compartió el resto de su vida. Una vez en el país centroamericano, llegaron a sus parroquias, Tola y San Juan del Sur, el 8 de diciembre de 1970. Se instalaron en San Juan del Sur. Allí se encontró con la extrema miseria, la explotación de los campesinos y la violencia. Y se sabía quién creaba esa situación: el régimen somocista y los grandes terratenientes.

En sus visitas pastorales a las aldeas más empobrecidas, además de celebrar la Eucaristía y otros sacramentos, se va impregnando de la situación de miseria y explotación de los campesinos. Esto le lleva a solidarizarse con ellos y a apoyarles en sus reivindicaciones. Así pues, como sacerdote, la acción social es punto importante en su misión.

La opción por los más débiles. Junto con su compañero Pedro y con las ayudas que llegaban del exterior, iniciaron obras educativas, un dispensario, ya que la sanidad no existía, e incluso una cooperativa de consumo, para evitar los abusos en los precios. Al tiempo, luchaban siempre al lado de los pobres, para erradicar situaciones injustas y abusivas. Se preocupaban por las niñas del prostíbulo de Tola, donde la Guardia Nacional hacía la vista gorda, permitiendo su explotación. También por los más ancianos y solitarios, a la vez que apoyaban a los campesinos a quienes pretendían quitar sus tierras.

También se empeñó en la formación de líderes campesinos, para que pudieran sentirse útiles en la defensa de sus más elementales derechos humanos.

Esta vida de compromiso era constante y concreta. ¿Cuántas veces Gaspar se quedó sin comer por ofrecer su comida a los campesinos que se acercaban pidiendo ayuda o, al menos, escucha? ¿Cuántas veces los campesinos usaron su cama para descansar, mientras él dormía en un jergón en el suelo?

Un paso al frente. Y así, en sus distintas acciones, fue como contactó con el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), cuyo objetivo era derrocar al régimen corrupto y asesino de Somoza y sus amigos. Al principio le ayudaba con temas de logística, pero en un momento determinado cree que debe dar un paso más y entra en el FSLN como militar.

Por supuesto, le costó mucho tomar esa decisión. Pero siguió la voz de su conciencia y en una carta a su hermano Silverio, msc, le decía: “Como sacerdote tengo la obligación de ir delante de mi gente. Mi comunidad MSC se portó como lo que es: un grupo de hermanos que tienen claras las ideas y un corazón lleno de amor”.

Escribió también una carta a los obispos, sacerdotes y religiosas/os de Nicaragua en la que les decía: “Por otra parte, mi fe y mi pertenencia a la Iglesia católica, me obliga a tomar parte activa en el proceso revolucionario del FSLN, porque la liberación de un pueblo oprimido es parte integrante de la redención total de Cristo”.

Madre y Maestra. Nicaragua. Padre Gaspar García Labiana. Hermandad Misionera de Nuestra Señora del Sagrado Corazón. MSC

Otra carta se la escribió al pueblo nicaragüense, que tuvo eco no sólo en Nicaragua, sino en otras partes del mundo, especialmente en Hispanoamérica. Entre otras cosas decía: “El somocismo es pecado y librarnos de la opresión es librarnos del pecado. Y con el fusil en la mano, lleno de fe y lleno de amor por mi pueblo nicaragüense, he de combatir hasta mi último aliento por el advenimiento del reino de la justicia en nuestra patria, ese reino de la justicia que el Mesías nos anunció bajo la luz de la estrella de Belén.” […] “Como nicaragüense adoptivo que soy, como sacerdote, he visto en carne viva las heridas de mi pueblo; he visto la explotación inicua del campesino, aplastado bajo la bota de los terratenientes protegidos por la Guardia Nacional, instrumento de injusticia y represión; he visto cómo unos pocos se enriquecen obscenamente a la sombra de la dictadura somocista; he sido testigo del inmundo tráfico carnal a que se somete a las jóvenes humildes, entregadas a la prostitución por los poderosos; y he Dos días después hicimos su funeral en Tuilla, al que asistió todo el pueblo y muchas personas del entorno. Concelebramos 25 sacerdotes. El 18 de diciembre, se hizo el primer funeral en San Juan del Sur, en Nicaragua. Unos meses después, triunfó la Revolución Sandinista, el 19 de julio de 1978. Por ese derrocamiento de un régimen injusto e inhumano, había soñado y luchado Gaspar.

Tras su muerte. El P. José María Junoy, msc, en el funeral celebrado en San Juan del Sur, pronunció estas palabras en su homilía: «Hermanos, yo les voy a decir con toda sinceridad y aquí en público que yo particularmente no acepto la línea de la violencia. No la acepto, porque me parece que no es la adecuada. Sin embargo, les digo también que siento un profundo respeto por el P. Gaspar como compañero y por el coraje que tuvo de llevar hasta la inmolación personal lo que él creyó que era recto. Creo que todos debemos procurar ver las cosas en este sentido. Se estará o no se estará de acuerdo, pero nadie puede negar que, cuando una persona llega hasta el sacrificio de sí mismo por lo que él cree recto por el amor al prójimo, es digno de respeto e incluso de admiración».

MSC comprometido. Por todo eso, por su vida, por su coherencia, por cumplir aquello de Jesús: «Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos». Por su fe comprometida y por su amor total muchos MSC podemos y queremos recordar a Gaspar y manifestar nuestra convicción de que es “uno de esos santos de la habitación de al lado”, de los que habla el Papa Francisco. P. Manuel Barahona, msc.



La triple huella de Gaspar

La Parroquia de San Federico en Madrid fue su ‘noviciado social y evangélico’, así lo cuenta el P. Andrés Álvarez, msc. Lo define como «un cura-obrero, que trabajó en una carpintería para ganarse el pan». En este barrio popular había bastantes jóvenes enganchados a las drogas y muy desmotivados, que pasaban gran parte del tiempo en la calle dejando pasar los días.
A ellos se acercaba el P. Gaspar. La mayoría huía de él, pero hoy, aquellos jóvenes son adultos, padres y abuelos, que recuerdan cómo «se ponía a nuestra altura y se metía en nuestros corrillos». José recuerda que le mandó a casa, como el hijo pródigo, recuperó los estudios y sacó su carrera. A Ángel, incluso, lo sacó de comisaría y consiguió que trabajase. Pedro, que aún colabora con la parroquia, toca la guitarra gracias a Gaspar. Rafita, terminó siendo una persona sin hogar, decía que sus poemas le hacían compañía en las largas noches de la calle.
También en su Asturias natal es un referente de compromiso social. Allí han creado algunas asociaciones y movimientos que llevan su nombre y le recuerdan con actos, todos los años, para no perder su memoria. Donde su huella es mucho más palpable es en Nicaragua. En este país, sigue siendo un modelo de lucha por la justicia social. Una escuela, un hospital, canciones… hasta un barrio recuerdan a quien luchó, de forma literal, por la dignidad de un pueblo humillado y vejado por los poderes políticos.



Poeta del amor, el compromiso y la libertad

Sus versos rezuman amor al prójimo. Para el P. José Ramón Rodrigo Gárate, msc, son «un enorme grito de dolor y protesta ante la injusticia en la que se encontraba el pueblo nicaragüense». Se editaron en 1979, año del triunfo de la revolución sandinista, con el título ‘Cantos de amor y guerra’. Fue editado por Ernesto Cardenal: “Poemas llenos de amor y vida: de amor al campesino; a las pobres prostitutas a las que tanto defendió Gaspar, enfrentándose a las autoridades somocistas; amor al paisaje, al lago que él llama “el lago más bello del mundo”, a la tierra por la cual murió”. Circulaban entre los guerrilleros del Frente Sur. En 2007 se editó ‘A corazón abierto’, en España.

A MIS HERMANOS MSC
Con el lago Atitlán,
comiéndome los ojos,
como un dios bello,
sentí placer infinito
por el amor de los míos.
Sentí que mi alma
no era mía
y sentí que la vuestra
no era mía, ni vuestra.
Vuestra alma y la mía
era de los pobres.
Amigos,
quisiera que fuerais pobres,
para entregaros mi vida
primero que a nadie.



Sobre Gaspar

No tuve la suerte de conocer a Gaspar. Por tanto, estas palabras son de mis lecturas, mi visita a Nicaragua, en el año 1986, y mis reflexiones sobre esta figura tan relevante para nosotros los MSC.
En mi viaje a Nicaragua, fui a Tola a visitar su tumba. Me impresionó su sencillez. Lo comenté con las dos personas que iban conmigo. Mientras les explicaba quién era y por qué estaba enterrado allí, se nos acercaron unas mujeres de aquella humilde aldea. Nos habían oído comentar lo de que era una tumba muy sencilla, pero que allí descansa un gran hombre, que había dado la vida por ellos y que es una bendición que esté con nosotros. Para recordarle no necesitamos una tumba importante.
Yo me presente como MSC y una de ellas, recuerdo que me dijo: “ahí tiene el mejor modelo para su vida el misionero, que después de conocer las miserias y sufrimientos nuestros, dio su vida para que esto cambiara”. Explicó, a su modo, quién era para ellos Gaspar. Quizá la mejor explicación que puede dar nadie porque era desde el amor y agradecimiento. Fueron palabras que llegaron a nuestro corazón. Comenté con mis acompañantes: oír a estas mujeres ya nos ha llenado el día”.
Estos días leía un libro de José María Rodríguez Olaizola, sj, ‘María, en contemplaciones de papel’ (Sal Terrae) y en su página 210 leí este texto:
«Pon una mirada lúcida y valiente ante lo injusto, ante lo inhumano, ante el pecado que deja tantas víctimas en nuestro mundo y abrirás la puerta a la conversión. Porque, claro que hay que ser profetas en una sociedad donde tanta gente sufre. Hay que ser críticos en un mundo donde muchos esperan respuestas. Hay que ser valientes para plantar cara al mal que tiene tantos rostros y formas. Sabiendo, además, que la suerte del profeta es la misma que la de su maestro». Este texto resume lo que fue la vida de Gaspar y, al mismo tiempo, tanto el texto como la vida de nuestro hermano MSC nos lanzan hoy un reto a todos los misioneros de la congregación: “Gaspar, no te podemos olvidar”. P. Benjamín Fernández, msc.

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