La Iglesia misionera
Por: Jaime Ybarra
«Se enojaba Don Quijote al ver cómo, una vez más, alguien intentaba parodiar sus palabras.
– Vano intento, Sancho-, decía el ingenioso hidalgo a su fiel escudero.
– Nunca salieron de mis labios las palabras de “Con la Iglesia hemos topado”. Bien sabes tú, que buscando el palacio de mi soñada Dulcinea y, en las penumbras de la anochecida, confundí el bulto de una sombra grande de la iglesia principal del pueblo, con lo que creí era el palacio anhelado. En ese momento dije con voz contrariada “Con la iglesia hemos dado, Sancho”». Supongo que me perdonarán la licencia de haberme apoderado durante unas breves líneas de Don Quijote y recrear, como suya, una conversación con Sancho.
Intento deshacer la tergiversación que se hace con las palabras de Don Quijote. Para ello, les traslado a los que nos dejó por escrito Miguel de Cervantes, sobre las andanzas del hidalgo manchego en su inmortal obra conocida mundialmente como El Quijote.
Lo tristemente cierto es que si alguna vez oímos decir “¡Con la Iglesia hemos topado, amigo Sancho!”, nadie pondrá en duda que lo dijo Don Quijote. Hasta incluso, se aceptará la frase en su sentido más peyorativo, presentándonos una Iglesia intolerable, inaccesible, donde re-botamos al tropezarnos con sus muros.
Hace unos días, recibí un escrito en el que, una iglesia, agradecía la manera tan generosa de cómo sus fieles habían colaborado económicamente en una campaña, pidiendo ayuda para paliar unas necesidades de unas aldeas de Camboya.
¿Se imaginan a algún campesino de aquellas tierras camboyanas que, después de haber recibido la ayuda y haber paliado parte de sus problemas, salir vociferan-do “¡Con la Iglesia he topado!”?
Más bien le veo yendo de puerta en puerta, casa por casa, diciendo a todos sus vecinos “¡con la iglesia misionera he dado!”. De la misma manera que si hubiera tenido una enfermedad y ahora estuviera sano, les diría a sus vecinos “que con un buen médico he dado”. ¡Qué importancia tienen las palabras y las maneras de decirlas! Nos diría Don Quijote: «Mire vuesa merced que, si por el engaño de la anochecida, creen encontrar un palacio donde en realidad hay una iglesia, no vayan dolidos gritando a los cuatro vientos, ‘con la Iglesia he topado’.
Sepa que tras esos muros puede encontrar aquello perdido, aquello que espera le sea dado. No pierda la esperanza porque “con la Iglesia ha dado”».