Entrega realizada
Abre tu boca a favor del mudo, en defensa del desventurado; abre tu boca y da sentencia justa defendiendo al pobre y al desgraciado. (Proverbios 31,8-9)
Javier Trapero @trapiscolaviski
Correo electrónico: comunicacion@misacores.org.
Desconozco si eres muy de pedir cosas por internet. De comprar para que te lleven los pedidos a casa y si conoces el sistema de mensajes para saber dónde se encuentra tu paquete. Bueno, en todo caso, te contaré que el otro día, fabulaba yo sobre el asunto de la ‘entrega… como vocación’ y lo comparaba con una ‘entrega… a domicilio’. De la misma manera que cuando te llevan algo a casa o lo retiras de un punto de recogida, le llega un mensaje al remitente confirmando que ya has recibido el paquete, que se ha efectuado la entrega, me imaginaba yo a Dios recibiendo mensajes cada vez que una persona… ‘se entrega’.
Y es que Dios es nuestro remitente. Podemos ser conscientes o no, pero Él nos ha mandado para que nos entreguemos, ese es el propósito por el que nos envía.
Los Misioneros del Sagrado Corazón lo tenemos expresado en nuestras constituciones: «Somos enviados al mundo a fundar nuevas iglesias y a ponernos a su servicio; a ayudar a las iglesias necesitadas y atraer a los que están alejados del Señor hacia comunidades de creyentes» (Const. 23). Algunos de nuestros compañeros convirtieron esa entrega total en una entrega basada en la radicalidad del Evangelio: «Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos» (Jn 15,13). Ese es el caso del P. Gaspar García Laviana, msc, al que en este número de Madre y Maestra queremos traer a la memoria.
El P. Gaspar hizo suyo lo que dice Proverbios 31,89: «Abre tu boca a favor del mudo, en defensa del desventurado; abre tu boca y da sentencia justa defendiendo al pobre y al desgraciado». Siempre estuvo del lado del más pobre, desde los movimientos obreros en la Parroquia MSC de San Federico en Madrid, hasta su labor misionera en Nicaragua. Allí, además de la pobreza convertida en miseria, pudo ver de cerca la opresión y vejación al pueblo indígena, lo que le llevó a la opción más comprometida en aquel tiempo, unirse a la guerrilla. Nunca renunció a su condición de sacerdote, nunca renunció a su condición de Misionero del Sagrado Corazón, porque su decisión estaba basada en el Evangelio. “Fue fiel radicalmente y se atuvo a las consecuencias, creyó que había llegado la hora de partir para otra acción radical, porque la normalidad política no atendía al pueblo, lo sometía”, así lo recuerda el obispo Mons. Pedro Casaldáliga.
En este número te enseñamos algunas palabras de sus escritos como: “Mi fe y mi pertenencia a la Iglesia católica me obliga a tomar parte activa en el proceso revolucionario del FSLN (Frente Sandinista de Liberación Nacional)”. Te animo a leerlo con detenimiento, es la historia de una entrega total, de la que seguro a Dios le llegó el mensaje de confirmación como remitente del envío, una notificación de ‘entrega realizada’.