‘El Pacto de las Catacumbas’…

… y las Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano de Medillín (Colombia) y de Puebla (México), junto a las conclusiones del Concilio Vaticano II y la Encíclica Populorum Progressio de Pablo VI, marcaron el compromiso de la Iglesia con el desarrollo de los pueblos.

Javier Trapero @trapiscolaviski

Madre y Maestra. El pacto de las Catacumbas. Hermandad Misionera de Nuestra Señora del Sagrado Corazón. MSC.

El título original del documento ‘El Pacto de las Catacumbas’ es, en realidad, ‘Pacto por una Iglesia que sirve y es pobre’.

En el origen del cristianismo. Tras una Eucaristía celebrada en las catacumbas de Santa Domitila, de ahí su nombre coloquial, cerca de Roma, en el año 1965, más de 40 obispos, que participaban en el Concilio Vaticano II, redactaron y firmaron un texto con el que pretendían sentar las bases de una nueva forma de hacer presente a la Iglesia en los países donde la pobreza era parte cotidiana de la sociedad. Sentían que debían volver a los orígenes, a la esencia de las enseñanzas de Jesús, para ser coherentes con lo que predicaban, sobre todo, en los entornos deprimidos de las Iglesias locales donde ellos mismos eran los ‘pastores’. «Conscientes de las deficiencias de nuestra vida de pobreza según el Evangelio» se comprometieron a vivir de forma austera, renunciando a las apariencias, a las posesiones materiales, al dinero, a que se les nombrara con títulos de grandeza y poder, a privilegio alguno. Otro conjunto de compromisos tenían que ver con la ayuda a la pastoral de los más débiles, a promover las obras sociales, a exigir a gobiernos y responsables públicos un orden social basado en la igualdad, a la cooperación mutua, a ser más humanos, pidiendo la colaboración de sus comunidades.

Para muchas personas, esta exposición era toda una declaración de intenciones que supondría un anticipo y, quizás, el primer paso hacia la Teología de la Liberación. Lo que no cabe duda es de que la constitución pastoral ‘Gaudium et spes’ y la carta encíclica de Pablo VI ‘Populorum progressio’, tuvieron mucho que ver en los principios ideológicos de este grupo de obispos.

Madre y Maestra. El pacto de las Catacumbas. Hermandad Misionera de Nuestra Señora del Sagrado Corazón. MSC.

En la década de los 60. Como consecuencia de las ideas surgidas sobre la Doctrina Social de la Iglesia, impulsada por Pablo VI tras el Concilio Vaticano II y su encíclica ‘Populorum Progressio’, se celebraron varios encuentros para elaborar una línea de trabajo pastoral y social con el foco puesto en los más débiles.

Con este objetivo, se convocó la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Medellín (Colombia) con tres puntos clave: La promoción humana, la evangelización y la Iglesia visible. La puesta en práctica de todos estos postulados y compromisos con los pueblos más débiles surgidos en la década de los 60 y llevados a cabo en los 70, culminaron con la III Conferencia General, en Puebla (México), ya con Juan Pablo II como Papa, en el año 1979. También se acordaron tres principios: Opción preferencial por los pobres; opción preferencial por los jóvenes; acción de la Iglesia con los constructores de la sociedad pluralista en América Latina. Toda una declaración de principios como forma de llevar el Evangelio a los más desfavorecidos.

Sentían que debían volver a los orígenes, a la esencia de las enseñanzas de Jesús, para ser coherentes con lo que predicaban, sobre todo, en los entornos deprimidos de las Iglesias locales donde ellos mismos eran los ‘pastores’.

Madre y Maestra. El pacto de las Catacumbas. Hermandad Misionera de Nuestra Señora del Sagrado Corazón. MSC.

El contexto de Gaspar. Los Misioneros del Sagrado Corazón ya teníamos una presencia importante en Centroamérica. Desde la Provincia de España habían partido muchos MSC con el firme propósito de hacer que todos conozcan el Amor que Dios nos tiene, como nos dicen nuestras constituciones. Pero una vez allí, nuestros hermanos detectan la necesidad de ayudar a los pueblos indígenas, a su desarrollo y, en ocasiones, a despertarles la conciencia de su dignidad como seres humanos. Era tristemente habitual que los grandes poderes políticos y económicos los tratasen como mera mano de obra, despojándolos de su condición de personas. Impregnados por la doctrina social de la Iglesia surgida del Concilio Vaticano II, sus documentos y las Conferencias de Puebla y Medellín, hacen una apuesta por las personas más desfavorecidas y vulnerables, lo que les llevó a una persecución por parte de los mismos poderes políticos y a dar su vida por estas personas. Así fue el caso de los Beatos Mártires MSC de El Quiché y del P. Gaspar García Laviana. Este último optó por la coherencia con las enseñanzas de Jesús y decidió, como misionero y sacerdote, formar parte de la guerrilla, para él, el único modo de sacar de la humillación al pueblo sometido, desde la radicalidad del Evangelio.

Fotos: MSC / Wikipedia

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