Disfruto siendo misionero MSC (Paraguay)

El Hno. Cristhian Mancuello, msc, ha sido ordenado diácono en noviembre. Este es el testimonio de su proceso vocacional.

Por: Hno. Cristhian Mancuello, msc

Madre y Maestra. Cristhian Mancuello. Paraguay. Hermandad Misionera de Nuestra Señora del Sagrado Corazón. MSC

Mi parroquia de toda la vida es la parroquia MSC de San Pío X, Fernando de la Mora (Asunción), una de las ciudades cercanas de la capital de Paraguay. Desde pequeño, estuve ligado a la parroquia, junto a mi familia. Siempre conocí a los Misioneros del Sagrado Corazón en ella. Sabía que venían de muy lejos, desde España, y esto me hacía preguntarme, qué es lo que les motivaba a estar lejos de su tierra y trabajar por los demás. Este testimonio ha influido mucho en mí, el de los MSC y también el de las Misioneras del Sagrado Corazón. A menudo visitaban mi casa por alguna celebración, alguna actividad… y así empezó todo. Sentía que creía en Dios, pero que también podía hacer algo más. La misión fue para mí un tipo de llamado.

Un antes y después. Fui involucrándome con mi Capilla, mi comunidad de base. El gran punto de inflexión fue la Jornada Mundial de la Juventud, la JMJ de Río de Janeiro. Antes de este gran evento, estaba en la parroquia el P. Juan Molina, msc. Él fue el primero que inició mi acompañamiento y fue clave. Yo había conocido otras congregaciones y curas diocesanos, pero en los Misioneros del Sagrado Corazón veía una manera diferente de ser religioso. Para mí, tenían algo que les distinguía, cercanía, naturalidad, una manera de expresarse acogedora. En la misión son ellos mismos, pero sin perder la esencia de la espiritualidad. Aquella JMJ fue mi primer contacto con MSC de otros países. Algo nuevo y muy bonito. La interacción con otras culturas, otras formas de trabajar y tomar conciencia de que hay misioneros en todo el mundo, muy lejos de Paraguay, y todos con el mismo carisma. Mi inquietud creció aún más.

Madre y Maestra. Cristhian Mancuello. Paraguay. Hermandad Misionera de Nuestra Señora del Sagrado Corazón. MSC

Madre y Maestra. Cristhian Mancuello. Paraguay. Hermandad Misionera de Nuestra Señora del Sagrado Corazón. MSC

Primer paso. Al volver, me decidí a iniciar el proceso para ser MSC. Por aquel entonces, estaba estudiando en la universidad la carrera de administración y contabilidad de empresa. Dediqué todo el primer año a hacer un discernimiento y conocer la vida religiosa. Aún tenía el dilema de si ser diocesano o Misionero del Sagrado Corazón. Curiosamente, tomé la decisión en un retiro vocacional con un Padre diocesano. Fue clave para la decisión la experiencia del Amor de Dios en mi historia de vida. Pensando en la representación de Jesús en la cruz, me decía: “Jesús dio la vida por mí en la cruz, ¿qué soy yo capaz de dar por Él?”. Todo parecía ir encajando. Me llamaba la misión de llevar el amor de Dios a todas partes. No sólo como una devoción, sino como un estilo de vida. Esto fue radical. Por eso, me decidí a ser Misionero del Sagrado Corazón. En Paraguay ya no estaba el P. Molina, pero estaban el P. Sergio, msc, el P. Rafael, msc, y con ellos inicié mi proceso. En marzo de 2014, ingresé en los Misioneros del Sagrado Corazón. Mi madre, al comienzo, no lo aceptó. Somos tres hermanos, pero yo era el más cercano a ella. Pensaba que me iría muy lejos y perdería la cercanía con ella, rompiendo el vínculo. Me cuestionaba mucho y, a veces, era algo duro no ver el apoyo de una persona a la que quieres tanto, pero siempre seguí adelante, solo oraba por ella.

Madre y Maestra. Cristhian Mancuello. Paraguay. Hermandad Misionera de Nuestra Señora del Sagrado Corazón. MSC

Madre y Maestra. Cristhian Mancuello. Paraguay. Hermandad Misionera de Nuestra Señora del Sagrado Corazón. MSC

El camino. El primer año fue en el Aspirantado, conociendo la vida religiosa. El segundo el postulantado, inicié los estudios de filosofía, un proceso de 3 años en los que me acompañó el P. Sergio, msc. Una vez dado el paso de ir al Noviciado continuó el acompañamiento, el año previo, el P. Toni, msc. El Noviciado lo hice en Brasil. Pude conocer más profundamente la congregación y la Espiritualidad del Corazón. Una experiencia inolvidable, crucial en mi vida religiosa, había varios compañeros de Brasil, además un colombiano, otro mexicano, un haitiano y yo de Paraguay. Bonito y desafiante, un periodo de adaptación a la vida en comunidad.

Las experiencias misioneras eran parte de la formación. Iniciamos un trabajo misionero ayudando a las Hijas de Nuestra Señora del Sagrado Corazón en un centro de apoyo a niños y niñas con escasos recursos. (Ver número octubre 2024 de Madre y Maestra). Una experiencia muy bonita. Otra de ellas, la hicimos en un centro de recuperación Fazenda la Esperanza. Esto me marcó para todo mi proceso. Personas con adicciones a las drogas y el alcohol, a las que hay que acompañar en su proceso de recuperación. Me ayudó para saber estar al lado de la gente y despojarme de los prejuicios, donde lo importante es el proceso de escucha. Como misioneros, nuestra labor era acompañar. También tuvimos otras experiencias rurales muy misioneras, con celebraciones de la palabra, pero, sin lugar a dudas, la experiencia de la casa de recuperación en Brasil me dejó muy marcado.

El Sí. En 2019, adquirí mi primer gran compromiso, con los primeros votos temporales, nada más ni nada menos que en Brasil. Todos los miembros del grupo construimos lazos muy fuertes. Éramos de diferentes provincias, pero nos sentíamos como de una sóla. Esto es muy importante. Como Congregación MSC, aunque seamos de diferentes provincias, nuestros lazos misioneros deben ir más allá de nuestra pertenencia a una provincia. Nos sentíamos parte de una vida fraterna en común. Sentí que el Señor me había dado otra familia fuera de Paraguay. El siguiente proceso en el Teologado lo hice en El Salvador. Sinceramente, sentí algo de miedo al ir allí, por las noticias que tenía de aquel país, de violencia, inseguridad. No conocía Centro América. Estuve cuatro años en los que, de nuevo, el Señor me preparó para una vida más desafiante todavía. La experiencia pastoral fue lo que me hizo pulirme como Misionero del Sagrado Corazón a nivel humano, de entrega a los demás, de despojarme de prejuicios… Fueron experiencias de misión totalmente diferentes, suburbanas, rurales, barrios periféricos, donde la necesidad misionera es fuerte y urgente. Parroquias con muchas pequeñas comunidades a las que los misioneros no pueden visitar con mucha frecuencia y ahí teníamos que ayudar nosotros. Una de las labores era la formación teológica con laicos, como una obra social. ‘Escuelas de teología pastoral’, sobre biblia, liturgia…También desarrollamos una labor misionera en un hospital con enfermos en cuidados paliativos. De nuevo muy radical, acompañar a personas que van a fallecer en horas, a la vez que nos teníamos que mostrar cercanos en el dolor con las familias. Vivencias que te hacen ver, que ser misionero merece la pena.

Ahora vivo la misión, en mi comunidad de origen, como un ‘Cristhian diferente’, gracias al amor y experiencia de Dios en mi vida y vocación.

Para todos. Creo que estas experiencias también deberían vivirlas los laicos. En la parroquia en Paraguay, fue muy importante para mí a la vez el ejemplo de los laicos. Creo que pueden llegar donde un religioso no puede, haciendo misión en su ambiente, donde estén. Por ejemplo, en mi barrio me inspiraron mucho unas señoras que se dedicaban a rezar el santo rosario.

En El Salvador, tuve otra experiencia en una casa de recuperación “Casa de Recuperación la Esperanza” (Ver número abril 2023 de Madre y Maestra). Fue de nuevo fascinante y sentí que el Señor me hablaba a través de ellos. Me di cuenta de que mi vida personal estaba muy ligada a ellos. No me había dado cuenta hasta ese momento de que yo también estaba tocado por la experiencia de las adicciones. No entendía por qué tenía tantos prejuicios hacia ellos al comienzo, pero sentí una vinculación y que era tan necesario para mí como para ellos. Me ayudaron mucho, nunca había reconocido que en mi familia existía esta problemática. Mi padre murió siendo un adicto al alcohol. En cada sesión, me sentía identificado, conectaba con ellos y así me involucré mucho más.

Madre y Maestra. Cristhian Mancuello. Paraguay. Hermandad Misionera de Nuestra Señora del Sagrado Corazón. MSC

La duda. Antes de hacer mis votos perpetuos, tuve una fase de cuestionamiento. Un año en el que no veía tan claro el sentido de todo esto que estaba viviendo. En una de las sesiones de la casa de recuperación, el P. Marvin les cuenta lo que me estaba pasando y rápido me dijeron lo que les había ayudado y cómo les había mostrado el Amor de Dios. Eso fue definitivo para decidir seguir adelante. Me hicieron ver que a pesar de mi historia de dolor desde la adicción de mi padre les estaba transmitiendo lo que realmente me movía a ser Misionero del Sagrado Corazón. Llevar el Amor de Dios a todas partes, ese mismo amor que me sanó y me rescató. Todo recobró sentido.

Quiero destacar también el acompañamiento del P. Paco, msc, y, sobre todo, el testimonio del Hermano Paulino, de España, que empezó vendiendo sopas para que los alcohólicos que deambulaban por las calles se acercaran para iniciar su proceso de sanación en la casa de recuperación. Un testimonio que para mí fue muy inspirador.

Antes de volver a Paraguay pasé unos meses en Honduras con experiencias también fantásticas. Unos momentos previos perfectos antes de hacer mis votos perpetuos en 2022.

Orgullo misionero. Ahora vivo la misión, en mi comunidad de origen, como un ‘Cristhian diferente’, gracias al amor y experiencia de Dios en mi vida y vocación. Con muchos desafíos, aportando todo mi crecimiento como MSC, en el lugar donde he crecido como persona. Espero dar un buen testimonio de joven MSC, para que también otros jóvenes se atrevan a dar el paso a ser misioneros, no por mí sino por Cristo. Quiero que mi comunidad me vea así, dando testimonio como Misionero del Sagrado Corazón. Aunque ahora acabo de ser ordenado diácono, quiero realizar mi aporte desde mi ser MSC, en el ministerio que Dios me ha regalado por pura gracia y amor, le doy mucho valor el ser misionero. Disfruto siendo misionero MSC. En esta nueva etapa que comienzo me quedo con la frase que quiero llevar en vida, me lo decía mi último y gran querido formador el P. Marvin, antes de partir de Centroamérica “Cristhian sé feliz y haz feliz a los pobres”.

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