Cómo comienza una misión (Paraguay)
Este es el relato de cómo empezó nuestra misión en Paraguay. Una historia que sirve de ejemplo de otras muchas. Todo comienza con una idea, un deseo de misión, seguido de la búsqueda del lugar donde las personas nos necesitan, las conversaciones con el obispo y la culminación con el encuentro, la convivencia y la labor pastoral y social.
Por: P. José Antonio Rafael, msc.
Yo estaba de párroco en la ciudad de Valencia (1999), en la parroquia de Nuestra Señora del Sagrado Corazón. Para mi sorpresa, el Superior Provincial, el P. Isabelino Rubio, me preguntó si me gustaría ir a una nueva misión a Sudamérica. La verdad es que me cogió de sorpresa. Me comentó que se lo habían pedido los PP. Juan Molina y Toni Plaza, y que le gustaría que yo les acompañase. Ellos eran muy jóvenes, pero yo con 59 años, no veía que estuviese en la edad de realizar una labor misionera de esa categoría. Por otra parte, pensé, que como ya faltaban mis padres, sería muy provechosa una experiencia misionera como ésta. Aunque aún no se tenía un lugar concreto. Se trataría sobre el terreno, al llegar a Sudamérica.
Nuestra partida de España. Salimos de Madrid rumbo a Brasil. Allí se estaba celebrando una reunión de los Misioneros del Sagrado Corazón de toda América y nos interesaba mucho participar. Realmente, mereció la pena. Días más tarde, aterrizamos en Buenos Aires, con destino la parroquia de Fátima, donde estaban otros MSC de España. Ellos nos comentaron que sería conveniente reunirse con Mons. Bergoglio, actualmente el Papa Francisco, que tenía mucha experiencia y nos podría iluminar. Le insinuamos que pensábamos en Bolivia, un país muy pobre y necesitado en aquel entonces, pero él, rápidamente, nos indicó que sería mejor Paraguay. Conocía a Mons. Livieres, obispo de Encarnación, y, sin titubear, le llamó por teléfono.
Creo que fue un milagro que no le diera un infarto a Monseñor Livieres. Tenía una parroquia en Natalio que llevaba un tiempo sin sacerdote y, de repente, en una llamada le ofrecían tres. Dicho y hecho, ¡para Natalio! Ya teníamos nuestro destino.
Llegada a Encarnación. Fue un aterrizaje, coloquialmente dicho, ‘a pecho descubierto’. Cuando un misionero llega al lugar de misión, no se le da inmediatamente un trabajo pastoral, sino que pasa largo tiempo en la comunidad, conociendo el ambiente, la gente, las costumbres del país, es decir, se va inculturizando poco a poco. Sólo transcurrido un tiempo, se le da una labor pastoral concreta.
Nosotros llegamos a Natalio e, inmediatamente, tuvimos que hacernos cargo de la parroquia. En un par de días, estábamos visitando las capillas. Una de ellas fue la de Lourdes, que celebraba su fiesta patronal. Estuvimos en Encarnación y, poco después, salimos para Natalio.
Las capillas eran una novedad para nosotros. Teníamos 36 a nuestro cargo. No digamos nada del guaraní, el idioma nativo que hablaba la gente allí y que era totalmente desconocido para nosotros. En las ciudades se habla menos, pero en el campo, prácticamente, lo habla toda la gente.
Nuestras primeras impresiones en tierras paraguayas. La casa en donde vivíamos era bastante humilde. Según oí, se había construido para ser escuela, pero nunca cumplió esa función y estaba muy deteriorada. Nos ayudó mucho a arreglarla Fernando Viveros, un buen albañil. Margarita fue nuestra cocinera todo el tiempo que estuvimos en Natalio.
Aún recuerdo los sustos que se llevaba el P. Molina, cuando encontraba alrededor de la casa algún escorpión de tamaño considerable.
Tuvimos que organizarnos pronto. Eran muchas las capillas que teníamos que atender. El P. Toni hizo un recorrido por todas ellas y compuso un croquis muy bueno, con el que comenzábamos nuestro recorrido cada día. Más o menos, hacia las seis de la tarde, íbamos a celebrar la misa. Como sólo teníamos un vehículo, en pareja, íbamos a dos capillas que estuvieran cerca. Uno se quedaba en la primera, el otro continuaba a la segunda y, a la vuelta, recogía al primero.
Cada capilla tenía su coordinador o coordinadora, que llevaba la administración y la catequesis. También tenía un celebrador o celebradora. Allí se hacían los bautizos y las primeras comuniones. La gente era humilde y muy solidaria. ¡Cómo se ayudaban en las necesidades! Me comentó el obispo que era una herencia que dejaron los evangelizadores franciscanos.
La labor misionera. En dieciocho días se visitaban todas las capillas. El resto del mes se aprovechaba para intentar llegar a aquellos lugares que, generalmente por la lluvia, no se pudo acceder. De esta manera, todas las capillas eran visitadas cada mes.
Al tiempo, creamos el consejo económico. Acudieron varias personas con ganas de colaborar, entre ellas, los señores Franco, Zaracho, el marido de doña Felicia, etc… María Chudik fue la administradora y don Centurión el coordinador.
Cuando llegamos a Natalio, apenas había vehículos o motos. Creo que en las capillas nada de eso. Cuando había reuniones pastorales en el pueblo, venía la gente andando y había capillas que distaban 15 o 20 kilómetros. Además, los caminos eran de tierra colorada, muy difícil quitártela de encima.
Los PP. Toni y Juan trabajaron mucho y muy bien con la juventud. Había un grupo juvenil muy bueno, comandado por Elsita Brítez e Insaulrralde, del cual no me acuerdo el nombre. Bautismos había muchos. Recuerdo que uno de los primeros niños bautizados fueron los hijos de la profesora Celmira y el de otra de las profesoras.
También se creó el grupo de laicos y laicas MSC y el de visitadores de enfermos.
Había un relojero que visitaba muy poco la iglesia. No sé por qué motivo, vino un día a visitarme, y, a partir de ahí, empezó a vivir más la vida de la iglesia y, durante varios años, nos ayudó mucho en la visita a las capillas. Me refiero a Antonio Torres.
Comedores para los niños y una radio. El director de la escuela nos dijo que había algunos niños que se dormían en la clase, quizás porque venían sin desayunar. Preocupados, tomamos la decisión de crear algunos comedores infantiles en el pueblo y en dos capillas. Se pusieron en marcha, gracias a los recursos que nos mandaban desde España.
Como el hospital no poseía ambulancia entonces, nos llamaban a nosotros, que teníamos una camioneta. Encarnación estaba a 125 km. Nos avisaban a cualquier hora del día… o de la noche. Era una labor que había que hacer.
Para el mes de la Biblia, en setiembre, se acordó que las capillas preparasen pasajes del Evangelio, que se representarían en el centro del pueblo. Tuvo mucho éxito. Incluso, vino alguna radio a interesarse. Una fue Janina, de radio Triunfo, que me propuso emitir un programa religioso todos los días. Así fue cómo comenzamos la evangelización a través de la radio, y que aún sigue.
El P. Juan Molina decidió regresar a España para trabajar en nuestro de Colegio de San Miguel, de Barcelona. La gente sintió mucho su marcha. Su relevo lo ocupó el P. Jorge, antes de ordenarse sacerdote, y permaneció en Natalio casi 9 años, también muy querido por la gente. Finalmente, vino el P. José Luis, que estuvo muy poco en Natalio; pronto nos iríamos a la parroquia de san Pío X, en Fernando de la Mora.
La historia de la ambulancia. Frecuentemente había que llevar a los enfermos al hospital regional de la ciudad de Encarnación. Como el hospital no poseía ambulancia entonces, nos llamaban a nosotros, que teníamos una camioneta. Encarnación estaba a 125 km. Nos avisaban a cualquier hora del día… o de la noche. Era una labor que había que hacer, porque eran casos muy urgentes que, si no los llevábamos nosotros, podían fallecer.
Lo hicimos durante bastante tiempo y nos sirvió para conocer mejor a la gente. Nos ayudaron mucho don Félix y doña Dominga, don Manuel y doña Matilde, y otros, como don Bobadilla y el yerno de doña Felicia. Y no podemos olvidar al P. Daniel, gran misionero, su ayuda fue muy valiosa.
25 años en Paraguay. El año pasado celebramos un cuarto de siglo en este gran país. Nos fuimos a Natalio, al origen de todo, donde nos acogieron en sus casas. En la misa conmemorativa de los 25 años se entregó una placa de agradecimiento al pueblo y a la parroquia. Sofia y Maria Chudik nos prepararon una magnífica comida. Es de agradecer las felicitaciones que nos dio el párroco de Natalio.
Se han cumplido, también, 50 años de la fundación de la localidad de Natalio. Cuando se fundó, todo era bosque y selva. Recuerdo que cuando llegamos, la primera bautizada en Natalio tenía casi cuarenta años, la prima de Raquel Gallas.
El pueblo ha mejorado mucho, incluso tiene universidad y un hospital. ¡Cómo ha mejorado!